Alberto y Cristina ¿son una sociedad de responsabilidad limitada?

El 20 de diciembre de 2017, Alberto Fernández ingresó presuroso al instituto Patria, en Rodríguez Peña 80, Capital Federal, luego de esquivar en las calles del centro porteño los resabios de las violentas protestas en contra de la reforma previsional que impulsaba el entonces presidente Mauricio Macri.

En la puerta de la fundación cristinista, un petit hotel, edificio protegido como patrimonio histórico, lo esperaba Juan Cabandié –hoy ministro de Ambiente–, quien lo guio hasta el primer piso, donde lo aguardaba Cristina Fernández en su oficina.

En aquella reunión de dos horas se concretó la reconciliación, luego de casi una década de distanciamiento y enfrentamiento político.

Desde aquel encuentro en una calurosa mañana de final de primavera, transcurrieron 17 meses hasta el otoñal sábado 18 de mayo de 2019, cuando la expresidenta hizo un anuncio impactante, que cambió el tablero electoral: Cristina no sería la candidata para enfrentar a Macri y le dejaba el lugar de cabeza de la fórmula a su reconciliado amigo. Lo que siguió es conocido: triunfo y regreso al poder nacional de los K.

Luna de miel

En estos primeros 100 días en el poder –que suele ser la denominada luna de miel para los gobernantes–, la sociedad de Alberto y Cristina no atravesó momentos de crisis profunda, pero hay síntomas de que existen ruidos en la relación.

El presidente de la Nación está convencido de que el éxito o el fracaso de su gestión lo marcarán los resultados en la economía.

Este objetivo de Alberto Fernández ahora se ve amenazado por la pandemia del coronavirus, que se convirtió en un “cisne negro” para la economía mundial.

El coronavirus es una seria amenaza para la sociedad y también para la economía argentina, que ya venía debilitada. Pero los albertistas más optimistas dicen que puede ser una oportunidad para el Presidente: demostrar que puede ejercer el poder sin la sombra de su influyente vicepresidenta.

Mientras, para Cristina la cuestión pasa por otro lado: su gran preocupación es el frente judicial. La vicepresidenta está procesada en 10 causas, siete de las cuales las investigó el fallecido juez Claudio Bonadio.

La “dueña de la mayoría” de los votos del Frente de Todos –según admitió el propio Alberto Fernández– deberá ir a juicio oral en cinco de estos casos de presunta corrupción.

Cristina tiene argumentos para presionar al Presidente por sus problemas judiciales. Alberto Fernández atravesó la campaña denunciando que la expresidenta es inocente y que fue una perseguida política.

Ahora, ya en el poder, Cristina le debe recordar a cada momento aquella sentencia. Si era una perseguida durante el macrismo, debería dejar de serlo en la gestión del presidente que ella colocó en el poder. Claro está, esto según la particular lógica de la vicepresidenta.

La reforma judicial que el Presidente anunció en el Congreso está en marcha, pero dicen que no es del agrado de la vicepresidenta, que aspira a un cambio total, que para el cristinismo duro no estaría reflejada en las medidas que impulsa Alberto Fernández.

Además de sus causas, Cristina tiene otra preocupación hoy, a miles de kilómetros de distancia: su hija Florencia, que sigue en Cuba.

La hija de la expresidenta comenzó a mostrarse en las redes sociales. Son gestos claros de que quiere regresar al país.

Para que eso ocurra, debe liberarse de la investigación de dos causas en las cuales está con pedido de juicio oral: Hotesur y Los Sauces. La pulseada por el Poder Judicial puede tensar la relación entre el Presidente y su vice.

En el Senado, surgió un proyecto para intervenir el Poder Judicial de Jujuy para liberar a la dirigente Milagro Sala. La vicepresidenta no habló del tema, pero si no impidió que progrese en la Cámara Alta es una señal de que tiene el aval de la titular del Senado.

Los albertistas dicen que el Presidente rechaza la intervención del poder de una provincia cuando su discurso apunta a tener una buena relación con los gobernadores, incluso opositores.

La eventual intervención en Jujuy cosecha reparos hasta en los gobernadores peronistas. Juan Schiaretti es defensor de la independencia de las provinciales respecto del poder central. No se refirió a la cuestión, pero sus íntimos dicen que considera que sería “preocupante” para el país.

Más allá de la crisis económica, que seguramente se agudizará por los efectos de la pandemia del coronavirus, todos miran hacia la Casa Rosada y al Congreso nacional, donde conviven los socios de esta SRL exitosa para llegar al poder. Nadie cree que habrá rompimiento político entre el Presidente y la vice, pero las tensiones parecen inevitables.

  

cdn.lavoz.com.ar
Alberto Fernández y Cristina Fernández (ILUSTRACIÓN DE CHUMBI)

 

 
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